"La belleza de las cosas existe en el espíritu del que las contempla" -David Hume

Cada persona es un mundo diferente, asimismo, cada uno tiene su propia perspectiva sobre la belleza.
La belleza de un objeto es la suma de cada detalle y el enlace perfecto de estos, que hace que difiera y así sobresalga de entre los demás. Esta a su vez es subjetiva, pues, cada persona posee su propia percepción basada en la información recolectada a lo largo de su vida. Es decir, cada persona interpreta la belleza a su manera y de acuerdo a su criterio.

La belleza es la esencia que no se percibe con los sentidos. Si por ejemplo, hablamos de un ser humano lo anterior implica que su belleza, es decir su esencia, radica en su interior, en su espíritu y forma de pensar, lo cual se manifiesta en su actitud y comportamiento frente a la vida. Dios, el ser, la vida o como le llamemos, nos brinda a cada uno de nosotros esa esencia, ese espíritu lleno de bondad que podemos percibir en lo más profundo de nuestro ser. Aunque, lo complicado de la vida es, precisamente, encontrar nuestro “Yo interior” y para lograrlo, debemos pasar por un proceso que puede poseer tanto dificultades, como momentos llenos de bendiciones y alegrías. En conclusión, la vida ofrece y de nosotros depende buscar, para hallar dicha esencia.

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