"Cuando todo va mal, no debe ser tan malo probar lo peor" - Francis H. Bradley



Los seres humanos pasamos gran parte de nuestras vidas actuando con miedo, un miedo irracional. Este sentimiento nos conlleva a pensamientos negativos, de derrota y desesperanza.
Además hay momentos de la vida, en los cuales creemos que ya nada peor podría pasarnos respecto a nuestra situación. Lo cierto es, que nunca nos vamos a encontrar en realidad tan mal, como creemos que nos sentimos; pero la ventaja de aquel padecimiento es muy favorable. Al pensar, que todo a nuestro alrededor es una nube de problemas y errores, no nos queda más remedio que aceptarlo. Cuando decidimos que ya nada podría ser peor, se nos hace  mucho más fácil intentar algo nuevo, algo desconocido, reteniendo en la mente la pregunta: “¿Qué es lo peor que puede pasar?”. Y es que, no es muy probable que el peligro sea más grande que nuestro miedo.
De hecho, es menos complicado de lo que parece, pues, en la mayoría de los casos, cuando estamos al borde del abismo, exhaustos y sin esperanzas, podemos llegar a optar por tomar el camino más oscuro: el suicidio. Entonces, si somos capaces de llegar a plantearnos dicha situación, ¿por qué no intentar algo que, al fin y al cabo, no va a tener tantas consecuencias como el hecho de acabar con nuestra propia vida? 

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